sábado, 10 de diciembre de 2016

¿El Roacutan causa depresión?

Hola a todos, este post me ha costado muchísimo escribirlo porque es muy personal y aquí voy a contar cosas que ni algunos de mis amigos saben a día de hoy. Pero creo que estoy en el deber de hacerlo para ayudar a otras personas y evitar que pasen por lo mismo que yo.

En los dos posts anteriores donde contaba mi experiencia tomando Roacutan para el acné comentaba los efectos secundarios físicos como labios resecos y rajados, piel débil, hiperpigmentación, etc. Sin embargo, finalizado el tratamiento, tengo que hablar sobre otro efecto secundario muy importante. Para comenzar, pondré una imagen del prospecto que acompaña esta medicación:



Entre los efectos secundarios raros (1 de cada 1000 personas) hay trastornos psiquiátricos como depresión, pérdida del placer, falta de concentración, etc. Muy bien, ahora me limitaré a contar mi experiencia personal, en lo que respecta a esta advertencia concreta.

Mi estado de ánimo durante el tratamiento

Comencé a tomar Roacutan a finales de noviembre de 2015, y como os conté en el blog me sentía bien y muy contenta porque al poco tiempo mi piel dio un cambio importante y ya no estaba en ese estado tan lamentable. Pasaron las fiestas y el mes de enero. Un día de finales de enero, justo después de que me subieran la dosis, me puse enferma por una intoxicación alimentaria y pasé el finde muy chafada, física y anímicamente. Pensé que se me pasaría, y el lunes me levanté, ya me sentía mejor físicamente pero por dentro seguía como angustiada, sin saber por qué.

No sé cómo explicarlo o definirlo, pero de repente era como si hubiera perdido la ilusión vital y ya no me reconociera a mí misma. Era como si la yo que había estado viviendo dentro de mi cuerpo toda mi vida hubiera muerto. Literalmente era esa la sensación que tenía: mi yo se había muerto y en mi lugar había otra persona que yo no conocía de nada. Pasé una semana horrible, estaba muerta de miedo, no sabía qué me había pasado y tenía una sensación de duelo continua, como si alguien acabara de morir.

Yo siempre he sido una persona optimista y positiva, con sus bajones ocasionales como todo el mundo, pero capaz de mirar hacia el frente sabiendo que ninguna tormenta dura toda la vida. La persona que había ahora dentro de mí en cambio no tenía ninguna ilusión por la vida, ya nada le producía placer ni le entusiasmaba. Me angustié tanto que ese viernes pedí fiesta en el trabajo, porque no me veía capaz de funcionar normalmente y me podía quedar minutos largos contemplando la pantalla del ordenador sin saber qué hacer o por dónde comenzar.

Pasada esa semana de shock, seguía sintiéndome extraña, pero continué haciendo una vida normal, y por fuera era como si no sucediera nada, pero por dentro era como si hubieran soltado una bomba y lo hubieran destruido todo. Por poner un ejemplo, semanas después hice un par de escapadas con mis amigos, que en otra situación hubiera disfrutado un montón. Sin embargo recuerdo que me pasé la mayor parte del tiempo esforzándome para pasármelo bien o al menos dar la impresión de que lo estaba disfrutando. Perdí la capacidad de disfrutar de la vida.

Con el paso del tiempo me iba sintiendo un poco mejor, pero estaba claro que seguía sin sentirme bien y que algo iba mal. En el mes de abril, después de pasarme una tarde entera llorando, tomé una decisión y pedí ayuda profesional. Mi seguro exige que antes de recibir terapia psicológica te tiene que ver un psiquiatra, así que acudí a la cita y le comenté mi preocupación sobre la relación entre el roacután y mi estado de ánimo. Después de tener que explicarle qué era la isotretinoína (no le sonaba de nada) me dijo que no tenía nada que ver, que si hubiera sido el roacután habría notado los efectos inmediatamente, y no después de casi dos meses. Me diagnóstico un trastorno ansioso depresivo y comencé la terapia con una psicóloga.

Estuve tres meses yendo a terapia y aunque con el tiempo fue sintiéndome mejor poco a poco, tengo serias dudas sobre si me sirvió de ayuda, porque me daba la impresión de que ni la psicóloga ni yo lográbamos dar con la causa de mi malestar. Al cabo de tres meses estaba mejor y no había avances de ningún tipo, así que dimos por concluida la terapia. Aún así seguía habiendo ese algo que no terminaba de estar bien del todo. Para rizar el rizo ese verano tuve dos desgracias a nivel personal que terminaron de hundirme más. Era llegar a casa después del trabajo y pasarme una hora entera llorando. Dormía mal, agitada y con angustia constante. El infierno sobre la tierra.
Finalmente terminé el tratamiento y dejé de tomar las pastillas el 31 de agosto.

Un buen día de principios de septiembre, (hacía ya más de una semana que no tomaba las pastillas)  al salir del trabajo me di cuenta de que ya no sentía esas ganas de llorar que me daban siempre al salir por la puerta. Tenía la sensación de que, en resumen, el día había sido bueno y tranquilo. Por primera vez en todo ese tiempo entré por la puerta de casa sin echarme a llorar nada más cruzar el umbral y al entrar en el salón me senté y sentí que mi vieja yo había vuelto. Me di cuenta, sorprendida, de que de pronto volvía a tener ganas de escuchar música (llevaba dos meses sin hacerlo) y que me apetecía cocinar, volver al gimnasio y hacer las cosas que siempre hacía antes. Volví a dormir sin despertarme con angustia y con el corazón acelerado. Aún seguía sintiendo tristeza por lo que me había sucedido en el verano, pero ahora la sobrellevaba como he hecho toda mi vida: dejando los sentimientos fluir y ser,  aceptándolos y tratando de ser fuerte y mantenerme positiva.
Esa persona extraña que se había instalado dentro de mí sin avisar ni pedir permiso, se fue de la misma manera: de un día para otro y sin decir adiós. Por primera vez en 8 meses volví a tener el control de mí misma.

Conclusión

No ha sido hasta hace poco, mirando hacia atrás, en que he caído que es demasiada coincidencia que justo al dejar la medicación haya vuelto a sentirme mejor, a sentirme YO, con mis cosas buenas y mis cosas malas, y con mis propias herramientas para manejar mis emociones. Ahora pienso que si la psiquiatra no sabía qué era la isotretinoína, tampoco tenía por qué saber sobre sus efectos adversos (cosa que me parece un poco grave tratándose de una persona licenciada en Medicina, que me corrija alguien si me equivoco al dar por hecho que debería saberlo).

Segunda advertencia en el mismo prospecto

Si el prospecto menciona estas advertencias, creo que es por algo. Teniendo en cuenta que yo no tenía antecedentes de depresión o enfermedad mental, jamás me habría esperado que el Roacután me provocara una depresión. Y sin embargo lo hizo. Mi experiencia ha sido esta, y a día de hoy, y aunque estoy muy contenta por los resultados del Roacutan en mi cara, tengo claro que no pienso volver a tomarlo, aunque a mi acné le de por reaparecer (dedos cruzados para que esto no suceda).

Aún así, ¿lo recomendaría? Para casos de acné grave que no se va con nada más, sí, pero primero aconsejaría agotar todas las alternativas posibles (conozco incluso gente que se lo curó con homeopatía, aunque yo no creo en eso.) También os aconsejaría que, si tenéis tendencia a la depresión, os lo penséis dos veces o lo consultéis con vuestro médico. Y que si os empezáis a sentir mal emocionalmente mientras lo tomáis, habléis con un profesional y os planteéis dejarlo. Pero ante todo, no tengáis miedo de pedir ayuda y hablarlo con quien sea necesario.

Tampoco quiero meteros miedo, este tipo de casos son estadísticamente raros, y lo más probable es que no te pase nada, o que incluso tu ánimo mejore si se daba el caso de que era tu acné lo que te deprimía. Conozco una persona que lo tomó tiempo después de haber estado en tratamiento por ansiedad y a ella no le afectó. A mí en cambio, que nunca he tenido una personalidad depresiva, me hundió emocionalmente. Todos los medicamentos tienen una serie de efectos secundarios, y el Roacutan no es el único que afecta al estado de ánimo; las hormonas, por ejemplo, pueden causar el mismo efecto y aún así hay millones de mujeres en todo el mundo que toman la píldora sin problemas.

Si llegáis un día a tomar esta medicación para el acné, yo os aconsejaría que estuvierais alerta y tuvierais el máximo cuidado con vuestro estado emocional para que no os pase lo mismo que a mí. Lo reitero una vez más: no os tiene por qué pasar, pero conviene ser consciente de los riesgos.

Espero que sirva de ayuda para otras personas que hayan pasado por lo mismo. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerlo.

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